Cuando Daniel volvió al almacén, Javier ya había tomado una decisión distinta. No iba a esperar a que Recursos Humanos le confirmara nada ni a convertir la situación en un discurso frente a sus compañeros. Había pasado la noche revisando los registros de entrada, pensando en la frase que él mismo había pronunciado horas antes: «Esto es una empresa, Daniel. No podemos organizar un almacén alrededor de tus problemas personales».
Ahora esas palabras le pesaban de otra manera.
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Porque después de verlo bajo aquella tormenta, cargando a su madre