en cuántos minutos faltaban para que un empleado llegara.
Estaba pensando en qué iba a decir cuando apareciera.
Daniel entró poco después.
Llevaba la misma chamarra que había usado para cubrir a Carmen bajo la lluvia. Estaba seca, pero arrugada. Caminaba con la mirada baja y una pequeña bolsa en una mano.
Se detuvo al ver a Javier.
Ninguno habló inmediatamente.
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Javier fue quien rompió el silencio.
—No tienes que ir a Recursos Humanos.
Daniel frunció el ceño.
—¿Cómo?
—Tu despido queda cancelado.
Daniel no reaccionó como Javier esperaba.