durante unas horas había representado una sucesión ya decidida, permanecía sobre la mesa sin pertenecer todavía a nadie.
Mientras tanto, a cientos de kilómetros, Elena y sus cuatro hijas acababan de llegar a Valencia.
Vega seguía abrazando su mochila rosa.
Clara caminaba a su lado.
Inés y Alba discutían en voz baja sobre quién cargaría una de las maletas.
Elena llevaba el teléfono en la mano.
Había visto varias llamadas perdidas de Rosa.
Todavía no sabía lo que había ocurrido en la finca.
No sabía que una fotografía de Vega