distinta. Fingió que se iba de viaje por asuntos laborales, llamó a un taxi, se despidió de la enfermera como lo había hecho decenas de veces y salió con su equipaje.
Una vigilancia silenciosa en la oscuridad
Le pidió al conductor que la dejara en un supermercado ubicado a dos kilómetros de su casa. Dejó las maletas en la consigna y regresó a pie por un antiguo sendero que rodeaba el vecindario. Hacía frío, la noche era oscura y todo estaba en calma. Se escondió entre los arbustos, justo frente