PARTE 2: CUANDO DEJÉ DE SER SU SALVAVIDAS KARA

mí.

Durante las primeras semanas, Mateo llamó todos los días.

Al principio era arrogante.

—Clara, ya basta. Vuelve. La casa está desordenada.

No respondí.

Después cambió el tono.

—Sofía pregunta por ti.

Silencio.

—Mi mamá dice que exageraste.

Silencio.

Finalmente llegó el mensaje que nunca pensé recibir.

“Necesitamos hablar”.

Lo leí.

Pero no contesté.

Porque durante nueve años yo había hablado.

Había explicado.

Había pedido.

Había llorado.

Y él siempre había elegido no escuchar.

Un mes después, recibí una llamada de mi banco.

La cuenta conjunta que había dejado abierta