entornos de alta vulnerabilidad infantil.
Para cualquier observador externo, este temor podría atribuirse al desgaste emocional propio de una enfermedad terminal; sin embargo, un análisis más profundo revelaba un patrón de resistencia instintiva hacia los productos farmacéuticos administrados regularmente.
La reticencia a recibir las pastillas de la tarde
Durante las horas vespertinas, el rechazo de Luna hacia las dosis recetadas se convertía en un verdadero desafío para el personal a cargo. La niña intentaba esconderse o retrasar el momento de la ingesta, utilizando excusas infantiles que el equipo médico descartaba