ni siquiera alcanzaron a comprender lo ocurrido.
El puño de Vanessa solo encontró el vacío.
Por primera vez, la expresión de la enorme mujer reflejó desconcierto.
Sin perder un segundo volvió a atacar.
Pero la joven esquivó el segundo golpe con la misma facilidad.
Era como si pudiera anticipar cada uno de sus movimientos.
El comedor entero quedó paralizado.
Nadie recordaba haber visto a alguien evitar los ataques de Vanessa con semejante tranquilidad.
Aquello terminó de hacerla perder el control.
Lanzando un grito de furia, se abalanzó sobre la muchacha