completamente tranquila.
Vanessa entrecerró los ojos.
—Todavía tengo hambre. Entrégamela. Sobrevivirás un día sin comer.
—No.
La respuesta fue firme y serena.
Sin miedo.
Como si delante de ella no estuviera la mujer más peligrosa de toda la prisión.
Durante unos instantes el comedor quedó en un silencio absoluto.
Muchas comprendieron que aquello terminaría muy mal.
El rostro de Vanessa cambió por completo.
Estaba acostumbrada a que todos obedecieran con una sola orden.
Nunca había recibido una negativa tan directa.
Al segundo siguiente agarró la bandeja de metal y la