lentamente hacia su mesa.
Las conversaciones comenzaron a apagarse.
Muchas ya sabían lo que iba a suceder.
Algunas incluso dejaron de comer.
Cuando Vanessa elegía una nueva víctima, nadie esperaba un final feliz.
Al llegar frente a la mesa, dirigió la vista a la bandeja de la muchacha.
—Oye… dame tu comida.
La joven levantó la mirada con total serenidad.
—Es mi almuerzo. Si tienes hambre, busca el tuyo.
Las internas más cercanas intercambiaron miradas de incredulidad.
Jamás habían escuchado a alguien responderle así a Vanessa.
Pero la desconocida seguía