digna, Carmen. Al final, sigue siendo mi hijo.
—Cuando el mundo lo vea, vas a entender lo que perdiste.
Colgué.
Cinco meses después llegó la invitación que cambiaría todo: Emiliano había sido seleccionado para ingresar al Programa Nacional de Jóvenes Investigadores del Instituto San Ildefonso de Ciencia Aplicada, una institución donde solo aceptaban a doce estudiantes de todo México.
La ceremonia sería en un auditorio enorme, con autoridades, empresarios y prensa.
Yo estaba planchando la camisa blanca de Emiliano cuando recibí un mensaje de un número desconocido.
Era Daniela.
“Nos