Di a luz a los 41 años, y mi esposo me dejó por una chica de 18. “El hijo de esa vieja seguramente tampoco es muy inteligente”, dijo. Quince años

revelarse en el escenario.

PARTE 3

Ricardo llegó como siempre quiso que lo vieran: traje caro, reloj brillante, sonrisa de hombre importante.

Daniela iba a su lado, maquillada como para boda, con un vestido rojo demasiado llamativo para una ceremonia académica. Todavía se aferraba a esa imagen de juventud eterna que había construido en redes, aunque sus ojos traían cansancio y nervios.

Cuando me vio, me saludó con una sonrisa pequeña.

—Carmen, qué gusto. Se ve… bien.

Ese “bien” sonó como insulto.

Ricardo ni siquiera me abrazó. Solo miró hacia