revelarse en el escenario.
PARTE 3
Ricardo llegó como siempre quiso que lo vieran: traje caro, reloj brillante, sonrisa de hombre importante.
Daniela iba a su lado, maquillada como para boda, con un vestido rojo demasiado llamativo para una ceremonia académica. Todavía se aferraba a esa imagen de juventud eterna que había construido en redes, aunque sus ojos traían cansancio y nervios.
Cuando me vio, me saludó con una sonrisa pequeña.
—Carmen, qué gusto. Se ve… bien.
Ese “bien” sonó como insulto.
Ricardo ni siquiera me abrazó. Solo miró hacia