a todo, y escupió la frase que me acompañaría quince años:
—Además, el hijo de una vieja como tú seguro ni va a dar una.
Dos días después, se fue.
No se llevó ropa de invierno, ni fotos, ni recuerdos.
Solo se llevó su apellido, su soberbia y la poca dignidad que le quedaba.
Yo me quedé con un bebé, una deuda y una rabia que no me cabía en el pecho.
Y cuando creí que ya no podía doler más, Daniela publicó una foto abrazada a Ricardo con la