Vieja, descolorida, con pequeñas flores bordadas en un lado.
— ¿Y esto qué es? —preguntó el tío, sorprendido.
Pero yo ya no lo escuchaba. Miraba el bordado.
Yo tenía solo cuatro años cuando desapareció mi hermana mayor, Laura. Apenas la recordaba viva, pero en casa teníamos decenas de fotografías suyas.
Y en varias fotografías Laura llevaba ropa en la que ella misma había bordado precisamente esas flores. Mamá le había enseñado. Un pétalo siempre le quedaba un poco más largo que los demás.
Había visto ese dibujo cientos de veces.
— Esto