Parte 1
Ocho meses después de abandonarla llamándola estéril, Alejandro Robles telefoneó a Lucía desde Monterrey para invitarla a su boda y presumirle que su prometida estaba embarazada kara.
Lucía respondió desde una habitación del Hospital San Javier, en Guadalajara. Apenas había amanecido. Le dolía todo el cuerpo y llevaba menos de 24 horas siendo madre. A su lado, envuelta en una manta color crema, dormía una niña con el mismo hoyuelo que Alejandro tenía en la barbilla.
—Ven a mi boda —dijo él, sin saludar—. Tal vez así entiendas