cabeza.
“¿La misma Altamira que compró parte del corredor industrial del norte?”
“Sí.”
Ernesto me miró.
“Su firma está detrás de algunas de las operaciones privadas más grandes del país.”
Mi madre negó lentamente.
“No.”
“Sí.”
“Valeria trabaja en una oficina.”
“Claro que trabajo en una oficina.”
“Me dijiste que eras empleada.”
“Nunca dije eso.”
“Dijiste que trabajabas con documentos.”
“Trabajo con muchos documentos.”
Santiago soltó una pequeña risa.
Mi padre me observaba como si yo fuera una extraña.
Tal vez siempre lo había sido.
“¿Desde cuándo?”
“Desde hace años.”
“¿