demasiado.
Para ellos bastaba con imaginarme encerrada frente a una computadora, ganando un sueldo mediocre y viviendo sola.
La realidad era distinta.
A los 27 años entré a Altamira Capital, un grupo privado de inversión especializado en infraestructura, tecnología y adquisiciones corporativas.
A los 30 me convertí en socia.
A los 31 fui nombrada directora de estrategia.
Participaba en operaciones de miles de millones de pesos, negociaba directamente con consejos de administración y conocía información que podía cambiar el valor de una empresa antes de que apareciera una sola línea