En la boda de casi 5 millones de pesos de mi hermana, mi padre derramó una copa de vino tinto sobre mi vestido frente a casi 300 invitados y dijo: “Mírate. Siempre encuentras una forma de avergonzarnos”. Mi madre se rio. Mi hermana también. Todos esperaban que saliera corriendo a llorar. En cambio, saqué mi teléfono e hice una sola llamada. Minutos después, 4 hombres de traje oscuro entraron al salón y se colocaron junto a las puertas. Mi padre todavía sonreía… hasta que vio quién caminaba detrás de ellos.

demasiado.

Para ellos bastaba con imaginarme encerrada frente a una computadora, ganando un sueldo mediocre y viviendo sola.

La realidad era distinta.

A los 27 años entré a Altamira Capital, un grupo privado de inversión especializado en infraestructura, tecnología y adquisiciones corporativas.

A los 30 me convertí en socia.

A los 31 fui nombrada directora de estrategia.

Participaba en operaciones de miles de millones de pesos, negociaba directamente con consejos de administración y conocía información que podía cambiar el valor de una empresa antes de que apareciera una sola línea