en la prensa financiera.
Pero jamás se lo conté a mi familia.
Tampoco les conté algo todavía más importante.
Estaba casada.
Conocí a Santiago Valdés durante una negociación 4 años antes.
Era fundador de Valdés Global, un conglomerado tecnológico mexicano con operaciones en América Latina, Estados Unidos y Europa.
Nuestra primera conversación duró 18 minutos.
Discutimos sobre una empresa que ambos queríamos comprar.
Yo le dije que estaba sobrevalorada.
Él dijo que yo estaba equivocada.
3 semanas después, la empresa perdió 22% de su valor.
Santiago me mandó una botella