nadie apareció.”
“Estoy bien, tía.”
“Eso dicen todas.”
Seguí caminando.
Mi prima Daniela observó mi vestido.
“Está bonito. Bastante discreto.”
Pasó los dedos sobre la tela.
“¿Lo rentaste?”
Sonreí.
“Algo así.”
No tenía sentido explicar que había sido hecho especialmente para mí en Milán.
Durante la cena, mi padre dedicó casi 20 minutos a hablar de Renata.
“La hija que siempre nos hizo sentir orgullosos.”
Esa frase la repitió 3 veces.
Yo bebí agua y miré mi celular.
Santiago había aterrizado.
“Voy saliendo del aeropuerto. 20 minutos.”
Respondí:
“Todo normal