salón dentro de uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad.
Renata se casaba con Nicolás Alcázar, hijo de una familia vinculada durante décadas al sector financiero.
Mi madre llevaba meses repitiendo que aquello sería “la boda del año”.
Cuando llegué, descubrí que mi lugar estaba en la mesa 21.
Junto a las puertas de servicio.
Lejos de mi familia.
Mi tía Patricia miró la silla vacía a mi lado.
“¿Otra vez sola?”
Sonrió con falsa compasión.
“Debe ser difícil llegar a cierta edad y darse cuenta de que