venta de unas tierras familiares.
El jurado tardó menos de 4 horas en declararla culpable.
La sentencia fue muerte por inyección letal.
Desde entonces Elena había repetido la misma frase:
-Yo discutí con Marcus. Pero no lo maté.
Ya nadie quería escucharla.
Excepto, quizá, Robert Hale, el director de la prisión.
Hale llevaba 29 años trabajando en el sistema penitenciario. Había visto a hombres culpables negar sus delitos hasta el último segundo y a otros derrumbarse mucho antes de llegar a la cámara de ejecución.
Elena era diferente.
Nunca había