Mi hijo Mateo tenía apenas ocho años cuando se desplomó en la escuela.
Después de aquello, todos repetían la misma frase una y otra vez:
—No había nada que se pudiera hacer.
Yo intentaba creerlo, porque pensar otra cosa era demasiado doloroso.
Pero había algo que nadie podía explicarme.
La mochila roja de Spider-Man que Mateo llevaba todos los días desapareció el mismo día que él.
La maestra, la señorita Beltrán, decía que no sabía dónde estaba. La directora aseguraba que habían buscado