hilo azul.
Elena nunca quiso reemplazarlo.
Para cualquiera era un oso viejo, con un botón distinto y el pelaje gastado.
Para ella era el objeto que había entrado en una prisión junto a una niña de 8 años y había abierto una puerta que cientos de abogados, investigadores y jueces no habían conseguido abrir durante 5 años.
No porque el oso tuviera algo mágico.
Sino porque la verdad había permanecido allí todo ese tiempo.
Oculta.
Esperando.
Y porque, cuando faltaba menos de una noche para que el Estado ejecutara a