que Chloe recordaba negro ahora estaba atravesado por mechones grises.
Durante unos segundos ninguna de las 2 se movió.
Elena fue la primera en romperse.
-Mi niña.
Chloe caminó hacia ella.
No corrió.
No lloró.
Todavía no.
Un oficial soltó una de las esposas de Elena para permitirle abrazarla.
Elena rodeó a su hija con un brazo y cerró los ojos.
Cinco años.
Cinco cumpleaños.
Cinco Navidades.
Cinco primeros días de escuela.
Todo lo que le habían quitado estaba contenido en aquel pequeño cuerpo que temblaba contra el suyo.
-Perdóname –