le faltaba un botón.
Los oficiales revisaron sus pertenencias antes de permitirle entrar.
La mochila y el oso quedaron guardados en un casillero de seguridad.
Chloe no protestó.
Simplemente preguntó:
-¿Mi mamá sabe que vine?
Ana se agachó.
-Todavía no.
La niña asintió.
Durante el camino por los corredores, mantuvo ambas manos apretadas contra el pecho.
Cuando finalmente se abrió la puerta de la sala de visitas, Elena estaba sentada detrás de una mesa metálica.
Llevaba el uniforme de prisión.
Tenía las muñecas sujetas a una cadena.
Y el cabello