cartera de deuda comercial.
Me apoyé en el escritorio.
—¿Mercado Robles estaba dentro?
—Sí.
Cerré los ojos.
—¿Compraste la deuda de Esteban?
—La compramos dentro de un paquete de créditos. Yo todavía no sabía que tú seguías en Tapalpa.
—¿Cuánto debe?
—No quiero decírtelo por teléfono.
—Gabriel.
Otro silencio.
—Más de 30 millones.
Sentí que finalmente entendía la desesperación de Esteban.
El contrato de 80 millones no era una expansión.
Era un salvavidas.
Miré los documentos otra vez.
14 años antes Gabriel también se había ido por dinero.
Pero por