tuya.
Luego puse encima la inspección falsa.
—Cuando dejé de obedecerte, pensaste que mi reputación también te pertenecía.
Saqué finalmente mi certificado de propiedad de marca.
—No te pertenece nada de mí.
Esteban no respondió.
Esta vez nadie se rio.
La policía no llegó aquella noche.
No hubo esposas.
No hubo un arresto espectacular.
Hubo algo mucho más lento.
Abogados.
Bancos.
Auditorías.
Raúl entregó sus mensajes.
Yo denuncié la falsificación y el uso no autorizado de mi marca.
Mercado Robles no desapareció de un día para otro, pero Esteban terminó