Es la persona que intentaste convertir en solución.
Esteban soltó una risa amarga.
—Claro. Regresas rico, compras mi deuda y ahora te llevas a la mujer que siempre quisiste.
Todas las miradas se movieron hacia Gabriel.
Pero respondí yo.
—Nadie se me lleva.
El salón quedó en completo silencio.
Me acerqué a Esteban.
—Ese siempre fue tu problema.
Sentí que mi voz dejaba de temblar.
—Cuando estuvimos comprometidos pensabas que mi tierra era tuya.
Puse el contrato falso sobre la mesa.
—Cuando vendías mi queso pensabas que mi marca era