cosas interesantes.
Esteban endureció la mandíbula.
—No sé qué insinúas.
—Todavía nada.
Gabriel pagó las 63 piezas.
Cuando su equipo comenzó a llevárselas, vi a Raúl, uno de los empleados más antiguos de Mercado Robles.
Estaba pálido.
Miraba a Esteban.
Luego a mí.
Cuando pasó cerca de mi puesto, dejó caer accidentalmente una caja vacía.
Se agachó.
Yo también.
—Natalia —susurró.
—¿Qué pasa?
Me metió algo entre los dedos.
Una memoria USB.
Instintivamente cerré la mano.
—No confíes únicamente en tus inspecciones.
Sentí un escalofrío.
—¿Por qué?
—Porque existe otra.