soldados.
Eran investigadores de la Fiscalía estatal.
La primera en entrar fue la licenciada Marisol Serrano, una mujer de cabello corto, saco oscuro y una carpeta delgada bajo el brazo. Mostró su identificación y habló con una calma que consiguió algo que los gritos jamás habrían logrado: obligó a todos a escuchar.
—Señora Evelyn Turner, necesitamos hablar con usted por separado. También con la señorita Kayla Méndez y con las personas presentes el día de la agresión.
Harper frunció el ceño.
—Esto es competencia municipal.
Serrano lo miró.
—Una parte