Empujaron a mi madre y dijeron que aquí podían hacer lo que quisieran. Volví a casa sin uniforme, guardé el video completo y dejé que la verdad entrara primero kara.

la cafetera.

—Porque aquí el café sigue siendo mejor que en el cuartel.

Me reí.

Antes de salir, volteé hacia el restaurante.

Ernesto levantó su taza.

Kayla estaba anotando una orden.

Mi madre discutía con el proveedor de tortillas por dos pesos.

Nadie bajaba la mirada.

La campanita sonó cuando abrí la puerta.

Y por primera vez desde aquellos doce segundos, no sentí que estuviera dejando a mi madre sola.