pedir permiso a la familia más poderosa del municipio.
Cuando me levanté para irme, mi madre sacó de debajo de la barra una carpeta café.
Dentro estaba una copia de la hoja de mi padre.
La palabra “Escalar” seguía allí.
—Guárdala —me dijo.
—¿Para qué?
Se acomodó los lentes reparados.
—Para que recuerdes que el miedo también deja papeles.
Metí la hoja en mi carpeta.
Luego la abracé con cuidado de no tocarle el hombro todavía sensible.
—Voy a volver pronto.
—No vuelvas por problemas —dijo.
—¿Entonces por qué?
Miró