de todo lo ocurrido.
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La sustancia podía provocarme una crisis respiratoria grave debido a una alergia que él conocía perfectamente.
Dos años antes, Sergio había estado conmigo en urgencias durante una reacción severa.
Había visto lo que me pasaba.
Había escuchado a los médicos.
Sabía qué debía evitar.
Y, aun así, había elegido precisamente la parte de la cama donde yo apoyaba la cara cada noche.
Eso era lo que no podía dejar de pensar.
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No había elegido cualquier superficie.
Había elegido mi almohada.
Y había entrado a