No. Hiciste mucho más que eso.
Bajó la mirada.
—Yo nunca podría haber hecho lo que hiciste.
—Lo sé.
No fue una respuesta cruel.
Solo honesta.
Y por primera vez, ella no discutió.
Después de unos minutos, tomó la caja nuevamente.
—Creo que debería irme.
Nadie intentó detenerla.
Se acercó a la puerta.
Luego se volvió una última vez hacia Noah.
—Feliz cumpleaños.
Noah asintió.
—Gracias.
Ella sonrió débilmente.
Y salió.
Observamos por la ventana mientras caminaba hacia el sedán negro estacionado frente a la casa.
Entró.
El coche arrancó.