todo.
—¿Qué iba a contar?
—Que la tía Valeria había usado su empresa para esconder dinero.
El silencio fue inmediato.
Ramira cerró los ojos.
Durante años había pensado que la tragedia aquella noche era simplemente una pelea familiar que terminó mal.
Pero ahora había otra historia.
—Después escuché un golpe —continuó Salomé—. Luego alguien gritó.
La voz de la niña se volvió más baja.
—Cuando salí de mi escondite, vi a mi papá en el suelo.
Ramira dejó escapar un sollozo.
—¿Y yo?
Salomé la miró.
—Tú llegaste después.
El