para cada nieto.
Y una última para mí.
La abrí.
“Mamá:
Si llegaste hasta aquí, probablemente estés llorando y diciendo que debí confiar más en ti.
Tienes razón.
Debí hacerlo.
Pero también sé quién eres.
Sé que aunque tengas setenta y un años, aunque estés cansada, aunque tengas miedo, nunca abandonarías a mis hijos.
Por eso te elegí.
No porque seas la única opción.
Sino porque eres la persona que más los ama en este mundo.”
Cerré los ojos.
Las palabras de mi hija atravesaron cada parte de mí.
Durante