El juez ordenó una pausa inmediata.
Pero nadie en la sala se movió.
Era como si todos necesitaran unos segundos para procesar lo que acababan de escuchar.
Gabriel Whitmore seguía de pie.
El hombre que minutos antes parecía dueño de la situación ahora parecía alguien que no encontraba una salida.
Su abogada se inclinó hacia él y susurró algo.
Él no respondió.
Porque por primera vez, sus palabras ya no controlaban la historia.
Sus hijos sí.
El juez miró el USB sobre la mesa.
—Señor Lucas, ¿entiende lo que acaba