desde el principio.
Dentro del sobre descansaba un trozo de pergamino grueso, de color crema, cubierto con una delicada y temblorosa escritura cursiva que mostraba el esfuerzo de cada trazo. La carta estaba fechada apenas una semana antes de su muerte. A medida que desplegaba la página, la fragancia de su característico perfume de lavanda flotaba en el aire, trayendo de vuelta un torrente de recuerdos —su tranquila habitación llena de luz solar matutina, el suave calor de sus frágiles dedos envueltos alrededor de los míos y el suave y