Nunca imaginé tenerla afuera de un aeropuerto.
—Sí.
Mauricio tragó saliva.
Entonces cometió el error.
—Soy su padre.
Las 3 niñas se quedaron quietas.
Yo también.
Valentina frunció el ceño.
—¿Nuestro papá?
Mauricio parecía haber olvidado que había un mundo alrededor.
Ni su chofer.
Ni las personas pasando.
Ni los teléfonos.
Nada.
Solo ellas.
Me agaché frente a mis hijas.
—Vamos a hablar de esto en casa.
—Pero ¿es verdad? —preguntó Camila.
Miré a Mauricio.
Por primera vez desde que lo conocía, parecía asustado.
—Sí —respondí—. Es verdad.
Sofía se