son?
Lo miré directamente a los ojos.
—Mis hijas.
Sus labios se separaron.
—¿Qué edad tienen?
Yo no respondí.
No hacía falta.
Mauricio acababa de empezar a contar.
Y cuando llegó al número correcto, vi exactamente el momento en que comprendió la verdad.
Parte 2: Mauricio avanzó otro paso.
—Renata.
—No.
—Necesito hablar contigo.
—Yo necesito llevar a mis hijas a casa.
Valentina lo observaba fijamente.
Siempre había sido la más perceptiva de las 3.
—Mamá, ¿conoces a ese señor?
Sentí el pecho apretarse.
Había imaginado aquella conversación muchas veces.