enteros sin visitar personalmente las propiedades.
Había aparecido en portadas hablando de visión, disciplina y decisiones inteligentes.
Pero allí, frente a mis hijas, parecía un hombre que acababa de descubrir que había cometido el error más caro de su vida.
—Déjame arreglarlo.
Abrí la puerta del Bentley.
—No.
—Son mis hijas.
Me giré.
—Biológicamente, sí.
Él palideció.
—Renata, por favor.
—No puedes aparecer 5 años tarde y declarar que eres padre porque por fin decidiste mirar.
Ayudé a Sofía a subir.
Después a Camila.
Valentina se quedó unos segundos afuera.