aparecía en revistas financieras, cenas con inversionistas y fotografías junto a presidentes de corporaciones internacionales.
Yo había rechazado cualquier acuerdo económico extraordinario.
No quería su penthouse de Polanco.
No quería acciones.
No quería coches.
No quería vivir el resto de mi vida escuchando que todo lo que tenía existía gracias a Mauricio Ledesma.
Eso lo había enfurecido más que cualquier demanda.
Durante el vuelo intenté ignorarlo.
Él no me dejó.
—Nunca entendí por qué no peleaste por dinero.
—Porque no era lo que quería.
—Todo el mundo quiere dinero.
—Eso