Durante todo el vuelo, mi exmarido multimillonario se burló de mí porque creía que había terminado sola y sin nada. Al aterrizar, 3 niñas salieron de un Bentley, corrieron hacia mí gritando: —¡Mamá! Entonces él contó sus edades… y dejó de respirar.

Ahí estaba.

El Mauricio que recordaba.

Siempre capaz de disfrazar una crueldad como si fuera simple curiosidad.

—Estoy bastante bien.

Sus ojos recorrieron mi ropa.

Llevaba pantalones negros, una blusa verde oscuro y un abrigo sencillo.

Nada de las marcas que solía usar cuando estaba casada con él.

Sonrió.

—Sí.

Una sola palabra.

Pero entendí perfectamente lo que quería decir.

Pobre.

Sola.

Derrotada.

Mauricio había construido Ledesma Energía hasta convertirla en una de las empresas privadas más poderosas de México.

Cuando nos casamos, él ya tenía dinero.

Cuando nos divorciamos,