grabado en ninguna puerta.
Pero era mío.
6 meses después, una tarde llegué del trabajo y encontré a Mateo haciendo su tarea en la mesa.
Su teléfono estaba junto a él.
Ya no contenía carpetas con fotografías de su padre.
Ya no llevaba registros.
Ya no vigilaba ventanas.
Ahora tenía videos de futbol, tareas, amigos y un perro absurdo que quería convencerme de adoptar.
-Mamá.
-¿Qué?
-Creo que quiero ser abogado.
Me reí.
-Tienes 10 años.
-Casi 11.
-Una diferencia enorme.
-Muy enorme.
Cerró su cuaderno.
-Me gusta que existan