muriendo.
Y 5 minutos después, alguien tocó la puerta.
Renata sonrió.
—Debe ser el notario.
La puerta se abrió.
Pero no entró un notario.
Entró una mujer de traje oscuro, mirada firme y una carpeta bajo el brazo.
—Buenas noches, Sergio —dijo la licenciada Gálvez—. Antes de volver a tocar a mi clienta, le sugiero explicar por qué sus frenos fueron cortados.
PARTE 2
Sergio soltó la mano de Valeria lentamente.
No lo hizo por culpa. Lo hizo como un hombre que calcula qué tanto peligro tiene enfrente.
—¿Quién la