Desperté de un coma y escuché a mi hijo susurrar: “No abras los ojos, mamá… papá está esperando que te mueras.” En ese instante entendí que mi accidente no había sido un accidente, y que mi esposo y mi propia hermana estaban esperando mi muerte para quedarse con todo.

También hallaron mensajes borrados entre Sergio y Renata.

“Si no firma, la curva lo resuelve.”

En otro, Sergio contestó:

“Después tú lloras en el hospital. Yo me encargo del niño.”

La licenciada Gálvez no tuvo que exagerar nada. La verdad era peor que cualquier acusación.

El supuesto notario ni siquiera era notario. Era un gestor contratado para presentar documentos falsificados con la huella de Valeria, aprovechando que ella no podía defenderse.

Durante semanas, Valeria siguió en rehabilitación.

Aprendió otra vez a sostener una cuchara.

A caminar con ayuda.

A pronunciar