tardes en la azotea comiendo mango con chile.
Y aun así, esa niña había crecido hasta convertirse en una mujer capaz de tocarle el cabello en una cama de hospital mientras planeaba su muerte.
—No gané —susurró Valeria—. Sobreviví.
Renata bajó la mirada por primera vez.
Después se la llevaron.
Esa noche no terminó ahí.
La Fiscalía aseguró el teléfono de Sergio, la bolsa de Renata y la carpeta del supuesto notario. En la casa de Lomas encontraron herramientas con restos de líquido de frenos en el cuarto de servicio.