en subir.
Sergio suspiró.
—El doctor ya fue claro. No hay esperanza. No voy a seguir pagando una fortuna para mantener viva a una cáscara vacía.
Una cáscara vacía.
Valeria sintió que la rabia le quemaba la sangre, aunque su cuerpo siguiera inmóvil.
—Mi mamá va a despertar —dijo Mateo, llorando.
Sergio soltó una risa seca.
—No, Mateo. Tu mamá ya no decide nada.
Renata se inclinó sobre Valeria y le acomodó un mechón de cabello con dedos fríos.
—Siempre quiso llamar la atención —susurró junto a su oído—. Hasta