Desperté de un coma y escuché a mi hijo susurrar: “No abras los ojos, mamá… papá está esperando que te mueras.” En ese instante entendí que mi accidente no había sido un accidente, y que mi esposo y mi propia hermana estaban esperando mi muerte para quedarse con todo.

dormida se hace la mártir.

Luego bajó más la voz.

—Cuando por fin se muera, nos llevamos al niño a la finca de Querétaro. Lejos de preguntas, lejos de vecinos, lejos de abogados metiches.

Mateo dio un paso atrás.

—¿Me van a llevar lejos de mi casa?

Sergio lo miró con desprecio.

—Te vamos a llevar donde aprendas a cerrar la boca.

—¡No quiero! ¡Quiero que mi mamá despierte!

—Tu mamá no va a despertar —escupió Sergio—. Y tú vas a hacer lo que yo diga.

Mateo levantó el rostro,