dormida se hace la mártir.
Luego bajó más la voz.
—Cuando por fin se muera, nos llevamos al niño a la finca de Querétaro. Lejos de preguntas, lejos de vecinos, lejos de abogados metiches.
Mateo dio un paso atrás.
—¿Me van a llevar lejos de mi casa?
Sergio lo miró con desprecio.
—Te vamos a llevar donde aprendas a cerrar la boca.
—¡No quiero! ¡Quiero que mi mamá despierte!
—Tu mamá no va a despertar —escupió Sergio—. Y tú vas a hacer lo que yo diga.
Mateo levantó el rostro,