jamás había entendido que poseía.
Una maestría.
Experiencia.
Capacidad.
Una mente que ya había ayudado a construir una empresa.
Muchas mujeres salen de una relación con habilidades que pasaron años escuchando que no valían nada.
Quise que algunas tuvieran la oportunidad de descubrir lo contrario.
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EPÍLOGO: “¿ERAS TRISTE, MAMÁ?”
Hace poco Sofía me preguntó:
—Mamá, ¿estabas triste cuando ese señor te echó?
Ya no dice “el señor de la boda”.
Ahora sabe que es su padre.
Pero todavía está aprendiendo qué significa eso.
Respondí:
—Sí.
—Durante un tiempo.
—¿Mucho?
—Bastante.
—¿