de la ley.
—Eso ha sonado sospechosamente específico.
—Estoy mejorando.
Lucía apoyó la cabeza en el respaldo.
Había conocido a Adrián 2 años antes trabajando en un pequeño restaurante de Chamberí. Él llegaba siempre tarde, pedía café solo y cenaba sin mirar el teléfono. Durante meses ella no supo quién era. Una noche vio cómo un hombre insultaba a uno de los camareros jóvenes por derramar vino.
Adrián no levantó la voz.
Simplemente se acercó al propietario, pagó la cuenta del muchacho y consiguió que el cliente abandonara el local.